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Deporte y Afrontamiento de las Situaciones de la Vida

En nuestra vida estamos en permanente contacto y relación con nuestro entorno. Más allá de nuestra piel todo es entorno: el aire, la naturaleza, los objetos, nuestra familia, nuestros amigos y/o compañeros de trabajo…todo es entorno, incluso aquello que no vemos, como las noticias que recibimos.

Un entorno poco previsible a veces nos sorprende positivamente pero, a veces también, negativamente. Lo cierto es que la mayor parte de nuestra vida la pasamos recibiendo noticias normales y buenas. Y ocasionalmente, incluso, son muy buenas. Pues a pesar de ello, tendemos a vivir nuestras vidas más pendientes de que no aparezcan malas noticias que de intentar valorar las buenas, de lo malo que nos ocurre que de lo mucho bueno que tenemos o puede suceder. Realmente las malas noticias se producen pocas veces en la vida, pero nuestra necesidad de sentirnos bien y seguros nos hace nacer el miedo a las malas noticias, el miedo a que las cosas no salgan como queremos o como nos vendría bien. Un miedo que, a menudo, se apodera de nosotros y nos limita para muchas cosas, nos hace pequeños, nos incapacita, nos anula.
En el ejercicio de mi profesión veo cada día muchos casos de personas que sufren ansiedad, intranquilidad, desasosiego, insomnio o nerviosismo debido a acontecimientos de su entorno que no saben cómo afrontar. Estos acontecimientos les afectan de tal modo que llegan a mermar sus capacidades para superar situaciones. Situaciones que la vida les presenta y convierten en problemas. Situaciones que según las afronten pueden ser una amenaza o una gran oportunidad.

Hagamos el paralelismo con los famosos David y Goliat. Muchas personas, ante determinadas noticias de su vida (situaciones) se sienten David ante Goliat mientras otras se sienten Goliat ante David. Hay quienes ante una situación entienden que la vida les ha encajado un gol y que ese hecho es irremediable e incluso, el principio de lo que será un partido perdido por goleada. Ante una mala noticia quedan aletargados y desarmados a la espera de la siguiente mala noticia: no se sienten capaces de reaccionar, se sienten vulnerables ante la situación y, por tanto, se sienten perdidos y faltos de esa capacidad de reacción que sí han tenido para otras situaciones.

Pero ¿qué ocurre en esos acontecimientos de nuestra vida? ¿qué hace que, ante un “problema” haya quien reacciona de un modo positivo o con ansias de superación y quien se siente tan abatido que ya dé el partido por perdido? Eso, no es más que nuestra resiliencia.

Según la RAE (Real Academia Española), la resiliencia se define de dos modos:

I. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adverso.

II. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Es decir que esa mala noticia que recibimos es ese “agente perturbador” o ese “estado o situación adversa”. Pero ¿qué hace que cataloguemos una noticia como buena, normal o mala? Pues muchos factores van a influir en esa primera impresión que nos causa la noticia:

En primer lugar, la propia naturaleza de la noticia y aquel aspecto de nuestra vida que puede afectar: por ejemplo, salud, trabajo, sustento económico, relaciones afectivas, entre otras. En función de la parcela de nuestra vida que se sienta afectada la evaluaremos y la interiorizaremos de distinta manera. Además, en cada uno de nosotros, cada campo está valorado de distinta manera, de tal modo, que para algunos la salud es una cuestión más importante que el sustento económico o la felicidad pero para otros puede ser al revés.

Pero, en segundo lugar, algunos aspectos personales tales como:

 Actitud
 Autoestima
 Autoconcepto
 Voluntad
 Capacidad de reacción
 Experiencias previas de éxito

Todo ello son los factores de eso a lo que comúnmente llamamos afrontamiento y que es de una importancia capital a la hora de relacionarnos con las noticias y situaciones con las que nos encontramos durante la vida.

Quisiera hacer especial mención a aquellas personas diagnosticadas de cáncer y más concretamente, al cáncer de mama, a su tratamiento y a la post-enfermedad. La noticia del diagnóstico de cáncer es, probablemente, una de las peores que una mujer puede sufrir en su vida. La psicología tiene mucho que decir en este terreno. Aspectos como los antes mencionados tales como actitud, pensamientos, emociones, resiliencia o espíritu de lucha pueden determinar el afrontamiento de la situación, el diagnóstico o la enfermedad.

Refiriéndonos únicamente a posibles problemas de salud en general, según Font y Cardoso (2009), se han estudiado las conductas respuesta, los pensamientos y las emociones y es interesante constatar que ante distintas posibilidades ofrecidas, solemos reaccionar (a nivel de conductas) visitando rápidamente al médico o cumpliendo exactamente lo que el médico nos diga pero la respuesta menos usual es pensar positivamente ente el posible problema.

A nivel de pensamientos, predominan las estrategias basadas en intentar superarlo uno mismo, no pensar en la posible enfermedad o pensar que el problema ya pasará. Lo menos frecuente es buscar sentido a la enfermedad o sentirse culpable.

Por último, y en lo referente a emociones, lo que estadísticamente es más habitual es resignarse o hablar del problema con un familiar o amigo. Por el contrario, lo menos frecuente es sentirse culpable o tomarlo con buen humor o hacer bromas sobre ello.

Es decir, que como es normal y humano, las reacciones tanto conductuales como cognitivas y emocionales, se ven influenciadas por el temor, el miedo, el pesimismo y la negatividad. De ahí que la actitud y nuestras creencias a priori, sean un factor clave para un buen afrontamiento de malas noticias en general y de un cáncer de mama en particular, tanto en su fase de diagnóstico, como de tratamiento de quimioterapia o radioterapia hasta la posible presentación de recidivas una vez superada la enfermedad.

La actitud ante la vida, el concepto en que nos tenemos (Autoconcepto), la facilidad para plantearnos retos, nuestra constancia en la consecución de objetivos, nuestra Autoestima y Autorespeto, son algunos de los aspectos que pueden influir en nuestra mente juegue a favor o en contra de la aceptación y capacidad de superación de esta enfermedad tan extendida en los últimos años.

Pero todo ello se puede trabajar y preparar incluso desde antes de tener ninguna mala noticia. Nuestra fortaleza mental (que no nuestra rigidez) puede ser un factor determinante que colabore a la hora de vencer una grave enfermedad como ésta.

(*) Según estudios de Antoni Font y André Cardoso. Estudio del Afrontamiento en Cáncer de mama

De ahí que, programas de entrenamiento como “Corre en Rosa” hagan converger el deporte y el Coaching del Deporte de Elite y Alto Rendimiento como apoyo a este tipo de enfermas en sus distintas etapas de la enfermedad con gran éxito. El atletismo en particular y el deporte en general, permiten trabajar aspectos como el establecimiento de objetivos, el rendimiento, la superación de metas, la preparación psicológica, el manejo de emociones, la ansiedad, la confianza en uno mismo y sus posibilidades así como, muchos otros factores que están inmersos en el día a día del deportista de Alto Rendimiento y que aporta una nueva vida a las participantes en este programa.

Toni Bassols