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Me llamo Carmen, tengo 47 años y no entiendo a mi hijo.

No  consigo hablar con él porque siempre acabo discutiendo. Cada día que pasa se que me necesita más pero no se cómo hacer que me entienda y entenderle yo a él. Tengo muchas dudas. ¡No sé que hacer!

¿Te suena el problema de Carmen?

 

Sigue leyendo y descubrirás

“Los 4 ERRORES más comunes en la comunicación con tu hijo o hija y cómo evitarlos”

Dime si esta situación se parece a la tuya:

La historia de Carmen es real aunque le haya cambiado el nombre. He elegido este ejemplo porque se repite mucho en mi vida profesional y considero que puede resultar muy didáctico compartirlo. Con la ayuda de “Carmen”, quiero aprovechar para darte alguno de los errores más frecuentes que surgen en estos casos y ayudarte con algunos consejos que seguro mejorarán la comunicación con tu hijo.

¿Tienes un hijo o hija y piensas que vivís en planetas diferentes? ¿Sientes que discutís constantemente? ¿Sospechas que te oculta cosas porque no te cuenta nada? Dices o piensas cosas como “Mi hijo no me escucha”, “no se puede hablar con ella”, “siempre acabamos a gritos”, “parece que hablemos idiomas diferentes”.

Y sigues intentando hablar, siempre. Incluso sintiendo ansiedad cuando llega el momento de hacerlo y sólo recibes silencio por su parte. Y, encima, el silencio hace que te preocupes todavía más. Y entonces, pasa lo que pasa: ¡cuántas de estas conversaciones se convierten en monólogos, cuántas parecen “diálogos de sordos” y cuántas acaban arrancando una nueva discusión!. ¿Te suena?: no pasa nada. Es muy normal y te entiendo muy bien. Es la situación que vivimos o hemos vivido la mayoría de los padres cuando su hijo llega y supera de la edad de la adolescencia. Casi todos hemos pasado por lo mismo: la imposibilidad de comunicarnos con nuestros hijos. Una fase en la que te sientes impotente, desesperado y deseoso de recibir cualquier sugerencia que te haga salir de la oscuridad.

Deja que te explique cómo solucionar este problema

Yo mismo he pasado por algo muy parecido hace años hasta que encontré la salida: analicé los errores que cometía al comunicarme con mi hijo, y encontré el punto medio para ganar su confianza sin perder la firmeza y la autoridad como padre. Soy Toni Bassols y ayudo a padres y madres a cambiar la forma de hablar con sus hijos, a ganar su confianza y mejorar su relación con ellos. Te invito a conocer los 4 errores más comunes que todos hemos cometido en algún momento al comunicarnos con nuestros hijos y cómo solucionarlos desde hoy mismo.

¿No es cierto que todos queremos lo mejor para nuestros hijos?

¿Cuántos de NOSOTROS, PADRES, NOS HEMOS acostado preocupados por algún asunto relacionado con Nuestro hijo?

¿No es cierto que, cuando a ellos les va bien, nosotros, los padres, nos sentimos mejor?

Una nueva generación en un nuevo entorno

3 de cada 4 jóvenes están desempleados o trabajan en economía sumergida. Todo el mundo dice hoy en día que nuestros hijos van a ser la primera generación que viva peor que sus padres: ¿te imaginas los niveles de motivación en los que se deben de estar moviendo nuestros hijos?. La generación Millenial (los nacidos entre 1981 y 1997) se enfrenta a un mundo que cambia cada vez con mayor rapidez. Y la velocidad a la que se suceden hoy en día los acontecimientos  les dan muy poca seguridad en las relaciones humanas y el futuro que les espera. Y es que las relaciones humanas han cambiado especialmente para los Millenials, debido (entre otras cosas) a las tecnologías de la información y de la comunicación (TICs). Se trata de la primera generación de nativos digitales, que prefiere internet antes que la televisión y que pasa tanto tiempo conectada a las redes sociales mediante laptops o smarthphone, que pueden acceder a prácticamente todo el mundo y al mismo tiempo facilitan que sea fácil acceder a ellos con muy pocos recursos.

6 de cada 10 jóvenes dejan de quedar en persona debido a las redes sociales

Esa falta de certezas sobre el futuro puede ser la explicación de la enorme reducción de matrimonios entre los jóvenes actuales (en los principales países desrrollados el porcentaje de casados a una edad de entre 18 y 32 años ha ido cayendo de forma exponencial en las últimas cuatro generaciones censadas, del 65% en los años sesemta a apenas el 25% en la actualidad). Sin embargo, y con todo ello, sigue siendo verdad que, la familia es su principal grupo de pertenencia y, durante muchos años, principal grupo de referencia. Para los jóvenes la alta valoración que tienen de la familia es de las cuestiones que menos cambian, si bien es cierto que el concepto difiere (se extingue la idea de madre cuidadora, cada vez hay menos hermanos, los padres son más lonjevos…).

Pero, en cuanto nuestros hijos traspasan la barrera de la pubertad, van, como es lógico, pretendiendo edificar su propia personalidad., su manera de ver las cosas, de analizarlas… Y, con ello, empezar a llegar a sus propias conclusiones. Parece que es el camino, no sólo lógico, sino natural, de cada uno de nosotros. Pero, ¿por qué hay hijos que tienen un concepto de familia y de relaciones con sus padres, y otros otras?.

Ser padre o madre no es fácil

Así como nos formamos en muchas otras cosas, parece (a menudo) que la paternidad o maternidad nos debe salir de natural y no es cierto. Tratar a nuestros hijos, compartir con ellos, estimularles, y muchas otras funciones, están dentro de eso que llamamos EDUCARLES. Y no es tarea fácil. De ahí que, a menudo, cometamos errores en la educación de nuestros hijos. Queremos buenos resultados en el colegio, instituto y universidad pero, a veces, no se consiguen. Queremos que nos cuenten sus cosas y que nos digan qué les pasa en sus vidas, y nos encontramos con un muro que parece no dejarnos llegar hasta ellos. Parece, en ocasiones, que el muro lo ponen ellos. En algunos casos, incluso, estos hijos llegan a mentirnos y esto nos desespera a todos nosotros, padres, porque conlleva a una pérdida de la confianza en ellos. El cerebro humano es una máquina muy potente y, por tanto, compleja. Esto quiere decir que, cada uno de nosotros, somos esa complejidad en primera persona. En las relaciones humanas cometemos errores pero, parece que son mucho más graves cuando esas relaciones son con nuestros hijos.

Para entendernos, nos COMUNICAMOS.

Entendernos no es sólo comprender lo que se nos dice, o expresar correctamente lo que queremos dar a entender. Entendernos es llegar al corazón de lo que se nos está transmitiendo o de lo que queremos transmitir. Este es el punto clave en las relaciones con nuestros hijos. De ahí que hoy pretendo dar unas pistas sobre cómo mejorar esta comunicación analizando los 4 errores más comunes en la comunicación con nuestros hijos.

A menudo creemos que nuestros hijos son, y deben comportarse, como nosotros, bajo la falsa creencia de que los hijos “son nuestros”. Parafraseando a Alejandro Jodoroswky “los hijos no son nuestros, son suyos”. Esto significa que, el primer error que cometemos, es creer que nuestros hijos deben conducirse por nuestra lógica, por nuestra experiencia y por nuestros consejos. De ahí que, el principal error que cometemos sea no revisar nuestras creencias al hablar con ellos.

Aquello que creemos condiciona y marca nuestra conducta y actuación diarias.

Aquí veréis un ejemplo muy claro:→ → → → → → → → → → → →

Damos por ciertas cosas que, a lo mejor, no son. No consideramos que nuestro hijo pueda tener otros puntos de vista. Nos olvidamos de que, al llegar a la adolescencia, tienen otros inputs de información fuera de la familia, como grupo de referencia. Olvidamos cómo han sido nuestras pautas de educación (socialización) para con ellos en su infancia y que puede condicionarles de un modo u otro. Podemos mantenernos en la falsa creencia que, sólo con decir las cosas, es suficiente y ya deben de ser entendidas, sin tener en cuenta que el cerebro de nuestros hijos está aprendiendo nuevas formas, permanentemente, de interactuación, y que no sólo el qué, sino también el cómo, también es importante.

Pon en cuestión aquello que crees

Antes de hablar con tu hijo duda por un momento de aquello que crees. Considera que tu creencia pueda ser errónea o estar anticuada. Esto no es algo nuevo. Ya Descartes, con su “Duda Metódica”, usó esta manera de pensar para poder llegar a la verdad de las cosas.

Dudar de lo que opinamos abre la puerta a otras consideraciones, a poder establecer dónde está la verdad desde un punto de vista más objetivo.

Habida cuenta de que la “adolescencia” en nuestra sociedad se ha prolongado, este artículo hace referencia a jóvenes en edad de 14 a 25 años. Otro de los errores cometidos en la comunicación con nuestros hijos, está en que no nos adaptamos a nuestros hijos.No entendemos, a menudo, que, nuestro hijo es un ser evolutivo y que, por tanto, a partir de la adolescencia, no podemos seguir tratándole como cuando era un niño y a quien ordenábamos y él ejecutaba (o no).

Debemos darnos cuenta de que nuestras formas de comunicar, nuestras maneras de dirigirnos a él, nuestras propuestas para él, deben ir amoldándose a una nueva realidad, que es EL o ELLA. A los 8 ó 9 años aparece ya el pensamiento crítico en nuestro cerebro. Un cerebro que ha ido evolucionando con pensamiento abstracto y muchas otras funciones que va adquiriendo. Por tanto, nosotros también tenemos una obligación de amoldarnos a esa nueva mente que va cambiando. Es de ahí que muchas quejas en adolescente y jóvenes, se fundamenten en que les seguimos tratando como niños pequeños.

Considera que todos somos cambiantes. Nuestros hijos también

Piensa que inteligencia es adaptación y si quieres los mejores resultados con tu hijo/a debes también hacer el esfuerzo de adaptarte a las distintas fases por las que va pasando por su vida.

Con frecuencia, uno de los mayores errores que cometemos al comunicarnos con nuestros hijos, pasa por desconocer la realidad en la que s emueven. Como consecuencia de nuestro estilo de educación hasta la adolescencia, hemos podido generar sentimientos de culpa o vergüenza, o baja autoestima, que rpovocan que nuestros hijos no quiera contarnos un bullying sufrido en el colegio o instituto. Su baja capacidad o confianza para abordar nuevos retos. O no contarnos que tiene un nuevo novio o novia por temor a nuestra desaprobación.

El desconocimiento de su realidad nos impide saber quien es nuestro hijo y por qué situaciones está pasando su vida. Lógicamente, eso genera una desconexión a veces insalvable porque no somos vistos como alguien que pueda entender sus problemas. No conocer una ruptura sentimental con un novio o novia, lo mal que se siente por no tener suficiente autoconfianza, su desmotivación o apatía ante determinadas cosas que proponemos, son sólo síntomas de que en algo nos hemos podido equivocar cuando nos comunicamos eon nuestros hijos.

De ahí que, lo único que recibamos sean negativas a profundizar en la comunicación y, así, compartir sus vivencias con nosotros.

Interésate por cómo es su vida

La vida y la sociedad van cambiando y en muchas ocasiones ciertos cambios, nuevas modas, nuevas teorías y tecnología nos sorprenden. Por ejemplo, ya casi nadie envía faxes hoy en día. Tu y yo tampoco. ¿Sabes por qué? Porque apareció el e-mail. En su momento nos interesamos, lo aprendimos y ya lo usamos a diario.

Pero… ¿Por qué no hacer los mismo con la vida de nuestros hijos. Esos cambios sociales les deben afectar de algún modo. Interésate por cómo lo viven ellos, cómo les influyen, en qué les hace cambiar a ellos.

Y más allá de esto, interésate por su vida, explícale como afrontabas tu determinabas situaciones e incluso cómo te equivocaste en algunas ocasiones. Eso te humanizará ante él y te verá como una buena fuente de información.

El ultimo gran error que cometemos es no dialogar con nuestros hijos. Dialogar, como todos sabemos, es la interlocución entre dos emisores/receptores de comunicación. Esto es que, la información va y viene. La maternidad y la paternidad implican de por sí, un principio de autoridad (que nada tiene que ver con autoritarismo). Por tanto, hay una relación de poder de padres y madres sobre los hijos.

El hecho de que seamos figuras de autoridsad con nuestros hujos nos lleva a menudo a cometer el error de promover monólogos nuestros hacia ellos en lugar de diálogos CON ellos, sin entender que un monólogo anula a nuestros hijos como fuente de información, con lo cual, estamos enseñándoles a que no emitan, y sólo reciban. Todos conocemos el dicho de que “hablando se entiende la gente” pero, a menudo, no habloamos con nuestros hijos, sino que nos quedamos en lanzarles discursos unidireccionales. Hablar, y hacerlo razonadamente, con nuestros hijos, es una de las mucha ssoluciones para conocer, entender y asesorar a nuestros hijos.

Dialoga razonada y razonablemente

Sin recriminar, sin criticar, sin juzgar. La principal causa por la que un dialogo termina es la incapacidad de buscar argumentos o la intención a priori de “tener la razón”. Querer tener la razón es el primer paso para darle la espalda al conocimiento de la verdad o de tomar la mejor decisión.

Dialogar con nuestros hijos no es querer imponer nuestro punto de vista dad nuestra mayor experiencia. A menudo, se llega a mejores soluciones por nuevas vías. Muchas veces nuestros hijos nos sorprenden con puntos de vista novedosos para nosotros y que, en cambio, permiten la búsqueda de nuevas soluciones.

Mantén una actitud abierta a aprender quien es tu hijo/a.

Os invito a que reviséis estos 4 errores en vuestra conducta diaria con vuestros hijos porque eso os dará un nuevo enfoque sobre el trato con ellos.

Toni Bassols